El Yoga de las Relaciones

By enero 16, 2017Uncategorised

por Carlota Amargós y Morgan Palmer Hubbard

Yoga es relación. Es el proceso, la práctica y el resultado de relacionarse. Nos relacionamos con nuestra experiencia externa del Mundo, la experiencia interna de nuestro ser, y nos relacionamos los unos con los otros.

Si miramos fijamente a los ojos de otro ser humano, inmediatamente entramos en contacto con la inteligencia divina de la Vida mirándonos fijamente. Un ser que vive, respira, un hijo o hija, un padre o una madre, un amante, un amigo o amiga, en cada encuentro de mentes y corazones reside la profunda posibilidad de reconocer e iluminar la absoluta interconexión entre nosotros, la Vida, y el Todo.
Quizás es por esta razón que a veces encontramos esta aparentemente simple práctica de mirar a los ojos tan difícil! Es mucho para procesar, una pequeña muestra del infinito. Aunque para obtener la realización total de la unidad no-dualista debemos necesariamente trascender la percepción de que el otro está separado de nosotros, cualquier práctica que nos lleve hacia ese reconocimiento es Yoga.

Nuestro punto de vista depende de dónde nos encontramos. En la tradición del Yoga, muchos de los maestros más relevantes han sido sadhus ascetas, brahmacharis (monjes de celibato) quienes se han entregado totalmente al trabajo espiritual en vez de entrar en matrimonio y familia.

Sin embargo, ha habido también casos de figuras muy importantes que han sido cabezas de familia como Lahiri Mahasai o Shri Yogendra, especialmente en tiempos más modernos. Estos grandes yogis tenían mujeres, hijos y trabajo, y aún y así fueron reconocidos como figuras importantes en el camino de la iluminación.

El acto de relacionarse profundamente ha sido siempre una parte muy importante de la tradición del yoga: guru-shishya parampara, la relación devota entre maestro-alumno fue la base en que las culturas espirituales Védica y subsiguientes fueron transmitidas a través de las generaciones durante miles de años. Y uno sólo tiene que echar un vistazo a la historia tántrica del hatha yoga para ver que la mutualidad entre los principios  masculino-femenino yace en el corazón del Yoga que conocemos hoy en día.

Pero, mientras la influencia del yoga se extiende alrededor del Mundo y millones de personas empiezan a practicarlo de una forma u otra, hay más y más gente que llega al yoga desde un contexto de vida más convencional, casero e incluso a veces desde la intimidad amorosa. En una época en que la mayoría de la gente que practica yoga no lo viven en un ashram o en una relación de maestro-discípulo, a menudo las relaciones más importantes y profundas en nuestras vidas son aquéllas que escogemos como nuestras parejas. En algunas escuelas de pensamiento, la vida sensual y en pareja era una distracción, una divergencia de la energía que nos aleja de la búsqueda espiritual. Así pues la cuestión para cualquier aspirante yogi en esta situación sería: cómo pueden estas relaciones ser una parte poderosa para nuestro crecimiento personal y espiritual, en vez de un obstáculo?

Cuando miramos a la estructura y desarrollo del ser humano, no sorprende ver que las relaciones son una parte clave en nuestra vida. Nuestros cuerpos están hechos para relacionarnos: la suave y sensible parte frontal del cuerpo, nuestra postura erguida, y la proyección hacia adelante de los órganos sensoriales dan paso a creer que el acto de relacionarse está incorporado de forma innata en nuestra evolución. Los caminos del Tantra siempre han reconocido esto y han visto las relaciones como un camino hacia la realización no-dualista, a pesar de la obvia dualidad inherente en el acto de la relación.

Tanto si el enfoque lleva hacia la iluminación o no, relacionarse puede ser una fuente poderosa para el desarrollo a cualquier nivel de nuestro Ser. Al relacionarnos de una forma auténtica y genuina con otro ser humano abrimos nuestro cuerpo-mente hacia caminos neurológicos, cognitivos, emocionales y espirituales muy complejos y potentes. Es por esta razón que los niños juegan, los practicantes de artes marciales pelean, los Acroyogis vuelan, los satsangs con sabios nos nutren e inspiran, o los amantes han encontrado el éxtasis en los brazos del otro a lo largo de la historia. Podemos relacionarnos de muchas maneras, y todas ellas tienen el potencial de mostrarnos algo de nuestro Ser. Desarrollar intimidad con nosotros mismo es yoga, y aunque no es siempre necesario tener una pareja para hacerlo, es una de las formas más bonitas de hacerlo! O por decirlo en otras palabras… Jai Radhe Govinda!

Quizás todo esto resulta un poco moralista ya que todos nosotros hemos tenido también alguna vez la experiencia del poder destructivo y limitante que una relación puede conllevar. Todos llevamos cicatrices en nuestro corazón. Hay obstáculos considerables en el proceso de amarnos.

Nuestro deseo de poseer al otro, cierra el espacio que tenemos destinado a recibir lo que nos viene dado de forma generosa y dichosa y nos lleva hacia el sufrimiento del miedo a perderlo. Al mismo tiempo, el deseo de evitar el desasosiego nos lleva hacia la negación o la co-dependencia, las cuales nos alejan de nuestras parejas y de nosotros mismos.

Nuestros miedos no resueltos, iras y traumas pueden desencadenar en una magnificación y/o proyección hacia nuestras parejas, creando agresiones o defensas que limitan nuestra capacidad de relacionarnos.

Pocas cosas en la Vida nos pueden llevar tan alto, o tan bajo, como nuestras relaciones íntimas. Cómo puede nuestra práctica de yoga guiarnos hacia ser más conscientes, abiertos y auténticos en la manera en que nos relacionamos?

No es necesario mirar muy lejos para ver que en los Yoga Sutras de Patanjali (y muchos otros textos de yoga) encontramos un tratado sorprendentemente claro sobre cómo relacionarnos. Los Yamas, las consideraciones éticas del yoga, nos guían hacia la armonía en la forma en que nos involucramos con la Vida y el Mundo.

Cuando interpretamos nuestras relaciones a través de la lente de los Yamas, vemos las dinámicas fundamentales de una relación consciente de forma esencial: cómo puede existir cualquier relación de amor sin establecer primero ahimsa (la no-violencia)? Ésta sólo ocurrirá en la presencia de una gentil y genuina sensibilidad. Cualquier intento de dominar o forzar otra persona lo excluiría inmediatamente. A su vez, satya (honestidad) es la base de cualquier relación verdadera ya que genera la confianza necesaria para iluminar lo que la relación es en realidad y nos permite poner la energía y atención hacia la profundización y crecimiento de la relación, en vez de poner esa energía en mantener ilusiones y mentiras.

Muchas veces nos encontramos en relaciones intentando cumplir con nuestras necesidades, en vez de las del otro/a. Con el filtro de asteya (no apropiarse de lo que no te pertenece) podemos ver más claramente que una vez hacemos el cambio del “tomar” hacia el “dar” nos abrimos a un nivel completamente diferente de autenticidad y amor con otro ser humano.

En el mundo moderno podemos obsesionarnos con brahmacharya ya que se suele traducir como “celibato”, lo que parece ir en contra de cualquier relación íntima. En el contexto de una relación amorosa, sensual y sexual, brahmacharya nos recuerda que no debemos malgastar nuestra energía y atención en la relación, a la vez que tener fidelidad en cuerpo, corazón y mente, no dejando que los patrones de conducta destructivos nos disminuyan la sinergia energética creada entre los amantes

Aparigraha (o desapego) no significa no cuidar o preocuparnos por nuestras parejas, amantes o seres queridos. Sin embargo, es un reconocimiento de que las relaciones, como cualquier otra manifestación en el Universo se forman, empiezan, se sostienen y acaban. La mayoría  de nosotros hemos sentido el dolor de que nos rompan el corazón, pero también la liberación de acabar con una relación cuando ya no nos aporta nada. Si una relación realmente puede ser una experiencia transformativa y revitalizadora, debe ser recibida con gratitud, sostenida con esfuerzo, cuidada con inteligencia y vivida con ilusión, y si llega a un final, soltada con ecuanimidad. Lo cual como ya sabemos, no es fácil! Pero los Yamas ponen de manifiesto la dirección más verdadera y profunda de la intención mientras nos sumergimos en el mundo de las relaciones.

El yoga de la relación requiere que cultivemos una actitud de servir a nuestras parejas tal y como son, sin querer poseerlas o cambiarlas. Una actitud que no proyecte cómo queremos que el otro sea, pero que tenga una orientación consciente hacia intimidad y servicio, en vez de un intento de “conseguir” seguridad, atención, excitación o validación. Entonces, deja que tu amor sea tu yoga, y el yoga tu guía, hacia una relación que te nutra a ti, a tu amante y al Mundo!

Artículo publicado en la revista YoguiOla en su edición de Noviembre 2016

– Fotos por: Cecilia Cristolovean de Yoga and Photo

– Carlota y Morgan forman parte del colectivo NowHere Yoga, un proyecto de yoga en Barcelona dedicada a enseñar el hatha yoga tradicional adaptado al cuerpo moderno. Además de clases regulares en la ciudad, ofrecen talleres, cursos, retiros y viajes yóguicos por todo el mundo.

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